Muestrarios, pares descabalados y producto con marca ajena: el stock que se queda

Muestrarios, pares descabalados y producto con marca ajena: el stock que se queda

Cuando se para una fábrica de calzado, el almacén de producto terminado suele ser lo último en lo que piensa su titular y lo primero que pregunta cualquiera que entre después. Allí conviven cajas de temporada completas, muestrarios de feria, pares sueltos que perdieron su pareja, segundas calidades apartadas en su día para revisarlas y series cortas que se quedaron sin salir. Todo eso tiene salidas posibles, pero cada una exige una decisión previa distinta, y la que más condiciona el resto es saber de quién es cada caja.

Lo primero: qué lleva marca de otro

En un tejido que fabrica por encargo, buena parte del producto acabado luce el logotipo de la empresa que lo pidió. Ese calzado, sus cajas impresas, sus etiquetas, sus bolsas y sus cartelas pertenecen a la relación comercial que lo generó, así que se separan y se comunican al titular de la marca antes de decidir nada. La respuesta suele llegar por escrito y suele ser una de tres: retirarlo ellos, autorizar su destrucción o dar instrucciones concretas sobre cómo tratarlo.

Registrar esa comunicación es lo que convierte un asunto potencialmente incómodo en un trámite de dos correos. Con la instrucción en la mano, el resto del almacén queda despejado de dudas.

El par de muestra no es un par de venta

Los muestrarios merecen mirada propia. Son pares únicos, casi siempre en una sola talla de referencia, hechos para enseñar en feria o para presentar una colección. Muchos son prototipos que nunca llegaron a fabricarse en serie y llevan materiales o acabados que no salieron al mercado. Tienen valor de archivo, valor formativo y a veces valor de colección, y muy poco valor comercial como calzado.

Por eso suelen tener tres destinos razonables: quedárselos el titular como memoria del taller, ofrecerlos a un centro de formación de patronaje o de diseño de la ciudad, o incorporarlos al fondo documental junto con los catálogos. Lo que sí conviene es fotografiarlos antes de moverlos, porque una vez embalados nadie vuelve a abrir esas cajas.

Producto propio: cuándo tiene recorrido comercial

El calzado de marca propia, terminado, con tallaje completo y en cajas limpias, sí tiene mercado. Hay compradores de partidas y de saldos que trabajan con lotes cerrados, y en el Vinalopó ese circuito está muy rodado. Para que funcione hace falta una cosa que casi nunca existe el día que se llama: un listado por modelo, color y talla, con cantidades reales y con fotografías. Sin ese listado, la partida se valora a la baja porque el comprador asume el riesgo de lo que no ve.

Levantar el inventario lleva tiempo, así que se empieza en cuanto se decide el cierre y no la semana antes de entregar la nave. Es la diferencia entre colocar el stock y pagar por retirarlo.

Pares descabalados, segundas y muestras de talla

Los pares sin pareja, los que tienen tara de fábrica y las tallas extremas sueltas forman siempre un bloque considerable. Su salida natural es doble: la parte utilizable puede interesar a entidades sociales que reparten calzado, y el resto se recoge como material textil y de calzado para su tratamiento. Cuando lleva marca ajena, entra en la instrucción escrita del apartado anterior, que puede pedir retirar el marcaje antes de cualquier entrega.

Cajas, cartelas y material impreso

El cartonaje impreso con una marca es un capítulo aparte y bastante voluminoso: cajas montadas y sin montar, tapas, fajas, bolsas, etiquetas colgantes y papel de seda personalizado. Lo habitual es que la marca prefiera que ese material se destruya, y como es cartón limpio, la destrucción y el reciclado coinciden en la misma operación. Se documenta con el justificante de entrega y con el certificado si la marca lo pide expresamente.

La donación funciona cuando se prepara

Entregar calzado utilizable a una entidad social es una salida excelente y bastante común en Elche, pero necesita tres condiciones para no convertirse en un problema. Que el producto esté en estado de uso y emparejado. Que la entidad pueda recibir el volumen real, porque doscientas cajas desbordan a una asociación pequeña. Y que, si hay marca de terceros, exista autorización. Con eso resuelto, se organiza una recogida propia y se documenta la entrega.

El inventario es lo que abre todas las puertas

Todas las salidas anteriores dependen del mismo trabajo previo: contar. Un recuento por referencia, color y talla, con fotografías del estado y con la ubicación dentro del almacén, es lo que permite ofrecer un lote, justificar una donación, atender una instrucción de marca o cerrar una destrucción. Sin él, todo el almacén se convierte en una sola partida indistinta y se trata como tal.

Ese inventario entra después en el expediente de cierre y responde por adelantado a la pregunta que suele hacer una gestoría meses más tarde: qué había, adónde fue y con qué papel. Decidirlo pronto también ahorra dinero por otra vía menos evidente: cada semana que el producto sigue dentro es una semana más de nave ocupada.

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